Marina Núñez

Marina Núñez es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y doctorada en Bellas Artes por la Universidad de Castilla-La Mancha. Actualmente ejerce como profesora titular de pintura en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Vigo. Su carrera profesional comienza en una exposición colectiva Muestra de Arte Joven 1989 en el Museo Español de Arte contemporáneo de Madrid. Desde entonces ha realizado proyectos a escala internacional. Su obra se encuentra en importantes colecciones: National Museum of Women in the Arts en Washington, DC, en el Mint Museum of Art en Charlotte, North Carolina o en la Fondazione Ado Furlan en Pordenone, Italia. También en una larga lista de museos españoles como el Museo Reina Sofía, Madrid, DA2 en Salamanca o el M.U.S.A.C en León.

Su montaje en DEAD AT HOME 2016, ‘Muerte y deseo’

En el dormitorio principal, dialogando con una pieza de Jesús Portal, Marina Núñez nos presenta la serie fotográfica ‘Retratos de mujeres bellas y tranquilas, que, sumergidas como sirenas parecen empatizar con el medio que las acoge y se funden con él, licuándose y conformando híbridos que cuestionan, una vez más, los límites de la naturaleza’.
Por Marta Álvarez.
Ofelia es el modelo de la mujer histérica que puebla nuestros imaginarios, herederos directos de una cultura decimonónica romántica y ciertamente poco liberada aún en términos feministas. Ofelia es el símbolo de la sumisión y la represión a las que la mujer se ve sometida bajo la atenta mirada del hombre-padre, el hombre-hermano y el hombre-amante en último término, una vez se ha efectuado el “traspaso” de responsabilidades. Ofelia muere violentamente, ahogada en el río y loca, sin haber visto cumplidos sus deseos y presa de la culpa.
Esa locura, aquí romantizada, ha sido argumentación continua a favor de la culpabilización de una mujer fuera de la norma; del mismo modo que lo fueran las brujas: locas y brujas no son sino monstruas, seres que escapan a la taxonomización general, que traspasan los límites de lo conocido. Son lo Otro.
El yo identitario durante toda la historia hasta la modernidad ha sido único e inamovible, y se ha construido frente al otro en una especie de código binario que ha atravesado nuestra cultura. En la posmodernidad, ese yo se ha convertido en uno múltiple y fluido y ha pasado de tener su centro de gravedad en las alturas, a tenerlo a ras del suelo: el ideal incorpóreo masculino se ha bajado hoy a la tierra, con toda su fisicidad y su vulnerabilidad. Hoy podemos ya decir que todos somos monstruos, mientras seguimos horadando las barreras de la normatividad identitaria.
(…) La artista  ha trabajado siempre en torno a la identidad, a la construcción del sujeto y su definición con respecto a ese Otro. En esa búsqueda, ha fijado a menudo su trabajo en la figura femenina y, concretamente, en esas histéricas y esas locas tipificadas por Charcot; para pasar a continuación a engrosar el imaginario de lo posthumano o ciborg, que cuestiona las clasificaciones de género y está atravesado por una tecnología liberadora.
En ese intento de ruptura con la identidad normativa que abandera la figura femenina en el trabajo de Núñez, hay una apuesta por los cuerpos blandos, seres que se disgregan y se funden y confunden con objetos con los que entran en contacto o con el propio ambiente en el que se encuentran. Las Ofelias que presentamos son mujeres que contraponen un semblante sereno con una especie de fusión, un deshacerse en la orilla donde parecen relajarse. La incómoda histeria ha dado paso a una escena placentera en que la ruptura del yo no es dolorosa, porque éste se adapta y esparce a través de una piel que se torna fluida y se mezcla con el agua que baña el cuerpo de la mujer. El yo, hecho cuerpo, se libera así en estas piezas a través de la fusión con la naturaleza.
En la serie Sin título (monstruos) (2011), en cambio, Núñez ensaya una serie de monstruosidades elaborando una especie de clasificación visual de seres que escapan a la norma. Son en este caso identidades violentadas: desgarradas, disgregadas o parásitas; que son múltiples y monstruosas pero parecen no estar cómodas en esa asunción de la otredad como lo propio. Ya no es el cuerpo el que se funde de manera consciente y se abre al contexto, sino más bien una fuerza incontrolada, que surge también de ese propio cuerpo, pero lo obliga y doblega sin control. Hay un alien –de nuevo, un otro- que traspasa estas caras y muestra de ellas lo que las mismas parecen querer ocultar.
De este modo problematiza Núñez la identidad, haciendo del yo algo elástico y fluido, múltiple y carnal; más propio de nuestro tiempo: menos idealizado y más liberado.