Jennifer Custodio

Jennifer Custodio (Vitoria-Gasteiz, 1990) Graduada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, ha realizado el Máster en Estudios Avanzados en Hª del Arte; encontrándose actualmente cursando el doctorado en este mismo área, y realizando una investigación sobre la materia en torno a la que gira su trabajo artístico: el Polaroid.
Una obsesión por el carácter amateurista y la precariedad azarosa de este género fotográfico, ha permitido que sus obras hayan sido seleccionadas y premiadas en su ciudad natal en el Certamen de Fotografía “Gaztekliklak” durante tres años consecutivos; así como en el Certamen Artístico “Gaztearte” con su videoinstalación titulada Recordis; la cual se relaciona con los proyectos audiovisuales que la artista realiza paralelamente. Más recientemente, durante Getxoarte 2015 (Salón de prácticas contemporáneas, Bilbao) y la muestra fotográfica Tetrapack 2016 en el Centro Cultural Montehermoso (Vitoria), se puede observar una madurez creciente y progresiva de su indagación acerca de la instantaneidad reveladora del formato Polaroid.
Asimismo, su alucinosis fotográfica ha sido reconocida en tres ediciones de los Premios San Marcos, pronunciándose el año 2015, haciéndose con la Mención de Honor en la categoría de fotografía con sus instantáneas; sin olvidar ese deje audiovisual, adquiriendo así, una selección en esta misma disciplina. Por otro lado, su verborrea poética obtuvo el primer premio en el Certamen Jóvenes Creadores durante el año 2013; un prosa ensayística tanto conceptual como filosófica que se presenta inseparable de sus creaciones artísticas; que también quiso mostrar durante las Primeras Jornada de Arte Joven de CyL en el año 2015.

collants

Collants, Polaroid 600, Third Man Records Edition Film, (2016).

Sobre (el) Polaroid

Una epifanía de la imagen, combinada con la durabilidad del propio producto visual; donde el Polaroid siempre será una gestación del memento mori. Un síntoma incandescente de una realidad adulterada, un misterio implicado en la fantasía de la revelación sincopada fundida en el carácter anodino y pretencioso de la aparición de una espera instantánea.
La incógnita de un revelado interminable, con una conclusión que parece finalizar y que tras el tiempo transcurrido sigue mutando y desvelándose en otra revelación hasta la muerte de la imagen Polaroid, relacionada con la durabilidad y conservación de la misma. Productos finales o fantasmagorías de la imagen que no son reproducidas bajo las ordenes del creador que aprieta el botón, sino por los químicos que diseñan su apariencia de lo real, estableciéndose la problemática de si lo que he visto en la instantánea realmente ha sido. Un deseado efecto Polaroid que encuadra los momentos e instantes privados, adquiriendo la funcionalidad de una luz reveladora de realidades capturadas; relicarios de imágenes abrazados por márgenes blancos de verdades tautológicas donde la enmarcación remite a la imposibilidad del escapismo.
Esa ruptura prematura del Polaroid con la inmortalidad, subrayada en la desaparición de la instantánea; fotografías vivientes alejadas de la resurrección y sometidas al desgaste del tiempo. La química amenazada por los factores físicos externos continuará brotando, mutando y alterándose hasta su expiración. La presunción del nacimiento y muerte de la imagen, esa mortífera esencia de la fotografía; una inestabilidad de la conservación del producto resultante anticipando su tempus fugit de escapismos temporales en reproducciones reales comprimidas en imágenes residuales. Testimonios fantasmales reducidos al núcleo espectral que simbolizan lo etéreo y lo mortuorio; el Polaroid como la vanitas registrada en una amnesia premeditada de un desenlace desconocido. Una fotografía no prometida en el tiempo, desaparecida en el olvido; el Polaroid se acuerda de no acordarse.
Instantáneas que se marchitan en la profundidad de su esencia. Ya han muerto, sólo queda el esqueleto que las sostiene… Un cadáver que ha perdido su carne y ha salvado sus huesos, una arqueología de la imagen destruida. Un deseo inusitado de una muerte lentamente placentera y atractiva.

Su Montaje en la casa DEAD AT HOME 2016

Jennifer comparte los espacios del segundo dormitorio con Carlos TMori. Ambas propuestas comparten premisas conceptuales y formales, por lo que el diálogo entre ambos artistas queda establecido de forma fluida y natural.
En este segundo dormitorio, en esta estancia de la casa, descansan las fotografías de carácter doméstico que presenta Carlos TMori bajo el nombre de “Revelaciones”, compartiendo espacio con la propuesta de Jennifer Custodio que plantea una “Polaroïd chambre”, una habitación idílica donde conviven y dialogan ambos proyectos fotográficos.
Mientras que TMori muestra aquellos resquicios olvidados y nunca recogidos de imágenes ajenas en formato estándar de 10×15 cm de copia única y original, en las que el propio artista interviene con materiales abrasivos transformándolas y ocultando parte de la información de las mismas. A su vez, Jennifer Custodio traslada sus instantáneas a otros soportes adaptándolos al dormitorio de la casa, ampliándolas y sacándolas de su formato único; sin olvidar siempre ese carácter de autenticidad y especificidad con las que ambos artistas cohabitan: el original como una dicotomía compartida.

 

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