1 diciembre, 2014

Enrique Marty

La trayectoria de Enrique Marty (Salamanca, 1969) recorre una buena parte de la escena artística contemporánea nacional e internacional. Su independencia artística y su permanente voluntad innovadora le han permitido transgredir los límites de las convenciones plásticas, convirtiéndole en pionero de algunos de los grandes hallazgos narrativos del medio así como en uno de los herederos inmediatos de la tradición pictórica española iniciada por Goya, la cual vehicula el hecho introspectivo, la experiencia personal de autoindagación y superación, a través del ejercicio del arte. Cada uno de los trabajos de Enrique Marty puede considerarse, en efecto, como un capítulo de un diario íntimo donde el artista nos entrega sus consideraciones más personales.
Hoy día vivimos las tensiones de un mundo estetizado y en permanente proceso de mercantilización. Todo aparece filtrado por el concepto de utilidad, todo se mide por su valor de uso y por su valor como producto apto para el consumo inmediato, lo que pone en peligro actividades tan esenciales para el ser humano como son la experiencia del arte y la experiencia del pensamiento.
Fijando una mirada crítica en esta racionalidad pragmático-técnica que prevalece en nuestros días, Enrique Marty se nos presenta como un artista de una honestidad poco frecuente que, además de dominar una técnica inigualable y poseer una voluntad y libertad de trabajo a prueba de balas, acarrea un atípico sentido del humor, propio del ironista, que le proporciona una sana distancia de sí mismo y de sus obsesiones y nos lo hace accesible como autor.
En los últimos tiempos más que nunca, parece que Enrique Marty ha asumido esta arriesgada tarea de hacer equilibrios al borde del abismo, eludiendo los imperativos de la moda y de la industria del arte y escapando así a la mediocridad intelectual que intenta establecerse en todos los ámbitos de la difusión cultural. Una aproximación a la obra de Marty nunca podrá concluir, por tanto, en un análisis meramente formal de sus trabajos, sino que se centrará forzosamente en su particular experiencia como pensador de sí mismo puesto en relación con «lo demás». Y este «lo demás» se vincula con algunos de los grandes planteamientos de la filosofía contemporánea, tales como la observación analítica de las estructuras morales y sociales, la propia definición del arte y del artista —de sus acotaciones y responsabilidades—, la mirada crítica en relación a los modos de producción de la cultura y de la historia o la necesidad de una práctica artística provocativa, masiva y brutal.
Paloma Pájaro

 

Su obra en DEAD AT HOME 2016 ‘Muerte y deseo’.

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